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Monte Peloni, la Unidad 9 y nombres de represores, en el Juicio por la Verdad de La Plata
Olavarrienses testimoniaron sobre un periplo de terror

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Haga click aquí para ver la foto ampliada En otra jornada del Juicio por la Verdad que se viene llevando a cabo en la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata se volvió a recrear la represión ilegal de la última dictadura militar que azotó parte de la zona centro de la provincia de Buenos Aires.

Durante más de cuatro horas declararon Carlos Gensón, Carmelo Vinci y Osvaldo Fernández, tres sobrevivientes de un grupo de olavarrienses que fueron víctimas de aquella represión.

Ante los jueces Leopoldo Schiffrin y Julio Reboredo y el fiscal federal Carlos Dulau Dumm, abogados de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y Abuelas de Plaza de Mayo de La Plata, reconstruyeron el siniestro recorrido que debieron padecer desde el secuestro en centros clandestinos de detención hasta el cautiverio legalizado en cárceles oficiales, previo paso por juicios absolutamente irregulares sin garantía alguna de defensa en juicio tal como lo fueron los Consejos de Guerra.

Una semana antes había declarado Araceli Gutiérrez, quien contó también al Tribunal los pormenores de su secuestro y la desaparición de su hermana Isabel y su cuñado Juan Carlos Ledesma.

Todos los testimonios coincidieron en gran medida en el periplo que tuvieron que realizar entre septiembre y noviembre de 1977, luego de haber sido detenidos en sus mismos hogares por integrantes del Ejercito y la Policía, quienes irrumpían en las casas previamente marcadas totalmente camuflados y fuertemente armados.

La mecánica estaba dentro de un plan previamente establecido con toda una infraestructura represiva a disposición, y con la ausencia total y absoluta de un marco legal para proceder. De esa manera, se instaló en el país un sistema represivo sangriento y criminal que actuó desde el mismo Estado usurpado por las Fuerzas Armadas desde el 26 de marzo de 1976.

A partir de entonces comenzaron a funcionar centros clandestinos de detención, que fueron lugares donde se sometía a los detenidos a las más crueles torturas y también se los eliminaba vía los fusilamientos o los vuelos de la muerte.

En esta zona, dichos centros de detención funcionaron en la Brigada de Las Flores, en La Huerta (Tandil) y en Monte Peloni (Sierras Bayas), y todos ellos fueron reconocidos por los sobrevivientes ante la Conadep hace unos veinte años. Obviamente los testigos citaron los nombres del coronel Ignacio Aníbal Verdura (jefe del Regimiento de Caballería 2 de Olavarría) y su subordinado directo de Alfredo Oscar Saint Jean (comandante de la Brigada de Caballería Blindada I correspondiente a la Subzona 12), y otros como Carlos Alberto Muñoz ("Chacho") y a Omar Ferreyra ("Pájaro"), quien actualmente ocupa el cargo de director de Control Urbano comunal.

Tampoco faltaron los nombres de oficiales penitenciarios de la Unidad 9 de La Plata como el "Manchado" Fernández, el "Nazi" Rivadeneira y Guerrero, todos ellos denunciados por infligir torturas a los presos políticos. Fernández está acusado de haber asesinado a patadas a uno de los detenidos. Por eso mismo, a la par del Juicio por la Verdad, se está investigando todo lo sucedido en esa unidad carcelaria durante la dictadura.

Las voces, gritos y lamentos

Carlos Gensón ingresó a la sala de audiencias cerca de las 11 y declaró durante más de una hora la experiencia que le tocó vivir desde el momento mismo en que fue arrancado de su hogar por un grupo de tareas del Ejército.

Esto ocurrió en la madrugada del 16 de septiembre de 1977 y, luego de ser encapuchado, fue arrojado dentro de la cúpula de una camioneta que era usada constantemente para secuestrar militantes políticos.

En la redada que se hizo esa noche se detuvieron alrededor de quince personas, entre las que se encontraban los hermanos Osvaldo y Jorge Oscar Fernández, el matrimonio Graciela Follini y Rubén Villeres, Mario Méndez y Ricardo Cassano. Todos ellos fueron apilados en la camioneta y llevados a la Brigada de Las Flores.

Allí permanecieron durante unos ocho días, donde fueron torturados con picana eléctrica. Aunque estaban encapuchados e imposibilitados de hablar entre ellos, igualmente cruzaron algunas palabras o escucharon los gritos conocidos de sus compañeros, elementos éstos que les permitieron reconocer que en ese lugar estuvieron personas que luego el Ejército pretendió hacer pasar como desaparecidos. Ellos fueron Jorge Oscar Fernández, Rubén Villeres, Graciela Follini, Juan Carlos Ledesma e Isabel Gutiérrez.

Tirados en el piso, esposados y maltratados y hacinados en un pequeño espacio, compartieron una sola comida en ocho días, que les fue dada en una olla y permitiendo que uno de ellos les diera de comer tomando a tientas lo que encontraba en el interior y acercándolo del mismo modo a la boca de sus compañeros. Esa misma noche, un camión Unimog los vino a buscar y se llevó a casi todo el grupo a Monte Peloni, cerca de Sierras Bayas, donde funcionaba otro centro clandestino de detención bajo la jurisdicción del Regimiento de Olavarría.

En Las Flores dejaron al matrimonio Villeres. Osvaldo Fernández recordó ante el Tribunal que había escuchado a Graciela Follini clamar permanentemente por su hijo. "Yo no la conocía -apuntó ante los jueces-, pero siempre me quedó grabado ese lamento que además me siguió a la cárcel y por el resto de mi vida. Más tarde conocería a Juan Pablo, ese hijo que ella tanto reclamaba".

Se recordó, además, que en la misma noche del traslado a Monte Peloni, uno de los custodios preguntó, refiriéndose a quienes quedaban, si habían comido. La respuesta de uno de los que vinieron en el Unimog a llevarse el resto del grupo fue inmediata como si se tratara de una rutina: "No te hagas problemas, porque donde van no necesitan comer", dijo, prefigurando el final.

La cárcel de la muerte

Ya sobre el camión, otro de los represores le disparó a Gensón una broma perversa. Aludiendo al almacén que tenía su padre, le dijo: "Gracias por el aporte que hiciste en alimentos". Le habían robado mucha mercadería del negocio. Carlos Gensón recordó la anécdota como para graficar la impunidad con la que actuaban quienes eran miembros de la institución militar.

De todas maneras, ese accionar era usual, ya que cuando los grupos de tareas ingresaban en las viviendas se alzaban con todo lo que encontraban.

Al Tribunal le interesó conocer características de los lugares de detención, nombres y apodos, como Muñoz o el mismo "Pájaro" Ferreyra, pero también quiénes aplicaron torturas en las cárceles, especialmente en la Unidad 9 de La Plata, famosa por los tormentos que padecieron los presos políticos durante el período 1976-1983, aunque el clima represivo amainó bastante después de la derrota de la Guerra de las Malvinas.

El fiscal hizo mucho hincapié en lo sucedido en dicha unidad penal, aclaró que se estaba sustanciando una causa paralela por ello y quiso conocer precisiones sobre el asesinato de Pintos, un preso político que fue muerto a patadas luego de pedir que se le cambiara un pote de mermelada en un día de cantina.

En ese momento, el oficial a cargo habría sido el "Manchado" Fernández (tenía un mechón de pelo de diferente color a un costado de su cabeza), quien lo habría llevado al sector de los calabozos y, según el comentario, lo habría matado a patadas.

Todo ello sucedió en un contexto terriblemente siniestro que regía en esa cárcel, donde oficiales como el "Nazi" Rivadeneira, el "Chaqueño" Guerrero y el "Manchado" Fernández aumentaban día a día su fama de golpeadores y torturadores, llevando permanentemente a los internos a los "chanchos" (calabozos) para golpearlos salvajemente hasta el cansancio.

Los jóvenes olavarrienses pudieron por primera vez denunciar ante la Justicia todos estos hechos con nombre y apellido de los responsables, aunque en esta instancia sólo se busque la verdad. No obstante, todos los datos que se puedan recabar de estas audiencias y que sean útiles para la investigación serán remitidos al Juzgado Federal de Azul, donde se sustancia una causa penal pero con poder sancionatorio (ver aparte).

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