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Comenzó el juicio por el brutal asesinato de un remisero azuleño

La brutalidad con que fue cometido el asesinato del remisero azuleño Mario Alcides Mazzante (43), el 9 de febrero de 1997 en la vecina ciudad, graficada por el informe del médico que realizó la autopsia, fue uno de los testimonios salientes en el comienzo de la audiencia oral y pública en que se juzga a Mario Walter Falcon (19) como autor del crimen.

Este fue uno de los casos ocurridos en la zona que sumieron a los trabajadores del volante en un clima de indefensión, fundamentalmente por el grado de brutalidad al que se ven expuestos como víctimas de robos a mano armada.

La expectativa que generó el juicio a Falcon quedó reflejada en la numerosa cantidad de personas que colmó la sala de la Cámara de Apelación en lo Criminal y Correccional de Azul, custodiada por una importante dotación de efectivos policiales.

La audiencia comenzó alrededor de las 9 de ayer, cuando ingresaron al recinto los integrantes del Tribunal, que es presidido por el doctor Ernesto Julio Arrouy y en el que actúan como vocales sus pares,l os doctores Jorge Esteban Herrero y Carlos Paulino Pagliere.

Tras anunciarse los delitos que se atribuyen a Falcon, ``homicidio calificado y robo calificado por el uso de armas, en concurso real'', se dio lectura a la acusación de primera instancia penal, por la cual se requirió la aplicación de la pena de reclusión perpetua, accesorias legales y costas procesales.

Al consultarsele a Falcon sobre si prestaría declaración indagatoria, señaló que no, situación que no constituye presunción en su contra según se ocupó de aclarar el doctor Arrouy.

Posteriormente comenzaron las declaraciones de los testigos.

Testimonios policiales

Como es habitual, los primeros testimonios escuchados pertenecieron a los policías que participaron activamente en el caso, desde que se encontró el cuerpo hasta que se detuvo a Falcon y a dos menores (uno de los cuales sigue bajo proceso en el Juzgado de Menores y el restante fue sobreseído).

En primer término declaró el comisario inspector Rubén Darío Corinaldessi, quien en el 9 de febrero de 1997 se desempeñaba como jefe de turno de la Unidad Regional XI de Azul y, ante una comunicación de la Seccional Primera, se presentó en el lugar del crimen.

El funcionario recordó que la zona donde se halló el cadáver era descampada, aledaña a la ciudad, y señaló que cuando llegó ya había personal policial, algunos remiseros y efectivos del Destacamento de Bomberos.

El hecho había ocurrido en una esquina, donde había un Peugeot 504, y a unos 50 metros de distancia del rodado yacía el cuerpo de una persona. El auto tenía el motor detenido y las puertas abiertas, especialmente las delanteras, y en el interior del vehículo había salpicaduras de sangre -puerta y vidrios del lado del conductor- y en el asiento del acompañante había cuadernos.

Explicó que demarcaron el lugar y que en la calle había rastros de sangre, que partían cerca del coche y llegaban hasta donde estaba caída la persona.

Luego indicó que participó del secuestro del carnet de conductor de Mazzante, cuando se capturó a tres personas, en un lugar al que arribaron por indicación de uno de los detenidos. Fue a unas cuatro o cinco cuadras del lugar del homicidio, en una arteria asfaltada, y para alcanzar ese documento debieron levantar la tapa de una boca de tormenta. También secuestraron un billete de dos pesos que pertenecía a la víctima.

En tanto, aclaró Corinaldessi que el cuchillo y un trozo de hierro fueron secuestrados en un terreno situado en inmediaciones de la escena del crimen, lugar que fue indicado por el mayor de los detenidos (Falcon), quien los orientó y sostuvo que lo arrojó cuando se fugaron tras asesinar y robar al remisero.

El comisario inspector reconoció el carnet, el trozo de caño y un cuchillo con mango de hierro que se habían secuestrado.

El comisario inspector Aldo Rubén Vega, por su parte, declaró en términos similares a los de Corinaldessi, aunque destacó que al ver el cuerpo de Mazzante lo ``impactó'' una lesión que tenía en el cuello, como si hubiese querido ser degollado. Coincidió con Corinaldessi al asegurar que participó del secuestro de un trozo de hierro y de un cuchillo, acompañados por el mayor de edad de los acusados, quien indicó donde los habían arrojado.

El subcomisario Jorge Ricardo Gottessman, que estaba al frente de la Seccional Primera, se refirió también a las condiciones en que encontraron el automóvil y a la posición del mismo y del cadáver de Mazzante. Su testimonio aportó detalles respecto del allanamiento realizado en la casa de Arenales 1126, donde allí moraba el mayor de los detenidos. En ese procedimiento se secuestraron una escopeta recortada; una campera, un pantalón y una remera con manchas de sangre; zapatillas y un zapato.

Gottessman dijo que en esa vivienda había un teléfono en un pasillo que daba a un baño y que junto a la misma había tres calcomanías de remiseras, una de las cuales pertenecía a la agencia ``Aladino'' -a la cual pertenecía Mazzante-.

Confesión

El subcomisario Hugo Marcelo Gallardo estuvo a cargo del procedimiento en que se detuvo a Falcon con otro menor, a dos cuadras de la casa del último. Los apresados fueron llevados a la Seccional Primera, donde al ser interrogado Falcon narró el hecho y dijo que lo había cometido con otras dos personas.

Según el testimonio que Gallardo aseguró haber recibido de Falcon, aquella noche los tres jóvenes llamaron a un remisero, pero cuando éste llegó al lugar donde debían subir no lo hicieron porque el mismo los conocía. Por este motivo realizaron un nuevo llamado, a la agencia ``Aladino''. A ese pedido acudió el remisero Mazzante, sentándose a su lado Falcon y los dos menores detrás.

Siempre de acuerdo a la versión que dio Gallardo, Falcon le dijo que uno de los menores golpeó al chofer desde el asiento de atrás, pero la víctima detuvo el automóvil y se bajó, siendo perseguido, alcanzado y castigado nuevamente a golpes.

Al declarar el oficial subinspector Jorge Luis Riveros, se mostró sumamente dubitativo (no recordaba cuales eran las puertas del Peugeot que estaban abiertas) e incurrió en contradicciones (dijo que el cadáver estaba boca abajo, contrariamente a lo que aseguraron los demás testigos), contestando a numerosas preguntas del doctor Arrouy que no recordaba y no podía precisar.

El oficial principal Héctor Rufino Fitipaldi agregó datos relacionados con el allanamiento de la casa de Arenales 1126, donde indicó que hallaron dos palotes de goma; ropas; calcomanías de tres remiseras, una con el número de Aladino, a la cual pertenecía Mazzantel; una escopeta recortada y zapatillas.

El doctor Oscar Borra, médico de policía, describió la escena del crimen y aclaró que no tocó nada porque se le dijo que llamarían al personal del Servicio Especial de Investigaciones Técnicas (SEIT).

Borra vio el cuerpo de un hombre con múltiples heridas, vestido, gran cantidad de sangre, pérdida de piezas dentarias y una herida tipo degüello en la parte anterior del cuello.

Precisiones sobre el salvaje asesinato

El doctor Adolfo Ricardo Peñeñory, quien realizó la autopsia el 9 de febrero del '97 alrededor de las 21, dijo que en la parte exterior del cuerpo de Mazzante había una seña particular en el abdomen de antigua data.

En el aspecto traumatológico explicó que tenía numerosas heridas punzo cortantes y contuso cortantes, una lesión en el pabellón nasal y una herida a nivel anterior del cuello.

También ofrecía lesiones en el pabellón izquierdo -punzo cortantes- y en la región occipital múltiples, producidas a su entender por dos elementos diferentes ya que había lesiones con bordes netos y otras con bordes esquimóticos. Al mostrarle trozos de caños y un cuchillo el profesional dijo que eran compatibles para realizar estos tipos de heridas.

También señaló que a nivel bucal tenía la salida completa de 7 piezas dentarias con la corona y la raíz, algunas de las cuales estaban sobre el cadáver, lo que pudo ocurrir por un acto compulsivo de la víctima, al despedirlas, o alguien pudo colocarlas allí.

Mazzante presentaba también una lesión en el labio, compatible con algún golpe aplicado con alguno de los caños, y así le sacaron los dientes. Añadió que en el cuello tenía una herida punzocortante de 11 centímetros de largo, transversal al eje del cuerpo, de izquierda a derecha, con una profundidad de medio centímetro, la cual no superó los cartílagos existentes en esa zona del cuerpo.

Si bien explicó que esa herida no era mortal, señaló que pudo haber manchado el coche con los golpes dados con el caño a Mazzante, aplicados por quien estaría sentado del lado derecho de la víctima.

Sostuvo que no se pudo determinar si las lesiones que causaron las manchas de sangre fueron sucesivas o con intervalo de tiempo y agregó que en el hemitórax izquierdo, sobre la tetilla izquierda, había una lesión de arma blanca de un solo filo, compatible con la que se le exhibió, siendo una de las que mayor daño causó ya que causó la sección del pulmón.

En el hemitórax derecho dijo que halló otra herida a la altura del 50 espacio intercostal izquierdo, de 6 centímetros de longitud, también hecha con arma blanca, que afectó el lóbulo inferior del pulmón derecho.

Dijo que tenía otras lesiones en la cara y parte posterior del hemotórax izquierdo, es decir por la espalda, causando también mucho daño.

También en la zona epigástrica Mazzante tenía otra herida -lado izquierdo- y una de tres centímetros en la segunda falange de la mano izquierda, lesión de carácter defensivo. Cuando fue preguntado por los jueces sobre cuáles tuvieron incidencia mortal, dijo Peñeñory que las recibidas en los pulmones, ya que causaron hemorragias masivas en ambas cavidades pulmonares, produciéndose luego el shock mortal.

El médico fue interrogado por la Fiscal de Cámaras, doctora Margarita Muríci de Hohl, sobre si Mazzante pudo correr 47 metros desde el coche hasta donde cayó. Peñeñory explicó que todo dependía del tiempo transcurrido y que no creía que se pudiera desplazar. Aunque después realizó algunas consideraciones hipotéticas, por ejemplo, que la pérdida de los dientes ocurrir por un golpe dado cuando estaba en el piso. Y resaltó que, en su opinión, para la muerte de Mazzante debieron intervenir más de una persona, porque es inusualn que una sola maneje un cuchillo y otro elemento contundente al mismo tiempo.

El hallazgo

Tras un cuarto intermedio de poco más de veinte minutos declaró María Belén Palópoli, quien el día del crimen iba a bordo del automóvil de un amigo -llevaban a otra joven a la casa-, cuando al llegar a Islas Malvinas doblaron a la derecha porque el conductor quería orinar. Al detenerse el coche vio ``algo que parecía una bolsa tirada en el medio de la calle'' y metros más adelante un Peugeot 504 que conoció como propiedad de su amigo ``Palito'' Bicondo. Reanudaron la marcha, pasaron junto al cuerpo -allí advirtieron que se trataba de un hombre que parecía muerto- y se detuvieron junto al remís.

Como escuchó que por el equipo de radio trataban insistentemente de comunicarse con el conductor, tomó el aparato y les dijo que había una persona tirada en la calle, que parecía que estaba muerta, y que luego se fueron rumbo a la Seccional Primera.

Por la tarde, entre las 13 y las 14,40, los magistrados le tomaron declaración en privado al menor que sigue aprehendido imputado también por la muerte de Mazzante.

Al reanudarse la audiencia en horas de la tarde, declararon los remiseros que trabajan en la madrugada del 9 de febrero junto a Mazzante, Sergio Rubén Alberto Rodríguez, Eduardo Alberto Berón y Juan Alberto López. También lo hicieron el propietario del auto, Oscar Alfredo Bicondo, y el telefonista de la agencia Aladino, Cristian Atilio Filippetti.

A través de sus dichos los magistrados trataron de establecer donde llevaba el dinero, el carnet y sus pertenencias el remisero Mario Alcides Mazzante. En todos los casos, con mayor o menor certeza, se indicó que utilizaba una cartera o portafolios de color oscuro (negro) y que en la misma aquella noche llevaba, al menos, los veinte pesos que se acostumbra disponer como cambio.

Asimismo, se interrogó a los remiseros sobre la cantidad y ubicación de las puertas que hallaron abiertas al llegar al lugar donde fue abandonado el automóvil.

Rodríguez -que manejaba otro remís- fue el primero en llegar, junto a Bicondo -a quien habían ido a buscar a su casa porque el automóvil no aparecía-. Rodríguez dijo que vio tres puertas abiertas y que el coche estaba con la llave en contacto y el motor apagado. Bicondo coincidió en ello, aunque aseguró que estaban abiertas las cuatro puertas, contradiciendo su testimonio dado a la Policía el día del hecho, cuando dijo que sólo eran tres.

En todas sus declaraciones se describió la posición del cadáver como ``boca arriba''.

Antes de que ingresara a la sala Filippetti, se presentó ante el estrado Franco Marabini, el conductor del automóvil en que iba María Belén Palópoli, la joven que avisó a la remisera por el equipo de comunicaciones del Peugeot 504. Marabini confirmó los dichos de la mujer.

Conocidos

Luego declaró el chofer Adrián Marcelo Migliazzo, de la agencia ``Alas Remís'', quien relató que en la madrugada del 9 de febrero, a las seis, recibió un llamado telefónico. ``Era una voz finita, más o menos como si simularan ser una mujer''. De cualquier modo, no sospechó en ese momento que pudiera tratarse de un robo y acudió a la solicitud de un remís. Al llegar a la dirección que le indicaron, calles Rivas y Arenales, vio a dos personas a corta distancia. Se aproximó y reconoció a uno de los dos jóvenes que allí estaban: era el menor de edad que hoy permanece retenido por el crimen de Mazzante.

Migliazzo dijo que los jóvenes también lo reconocieron a él, porque lo saludaron, y que al preguntar si ellos pidieron un remís le dijeron que no, que habían llamado a la agencia ``Arenales'' -sita a dos cuadras de ese lugar-. (Debe recordarse a esta altura que Falcon le habría relatado una situación similar al subcomisario Gallardo).

Ante la presunción de que los menores pudieron haber llamado entonces a la agencia Aladino y abordar el vehículo que conducía Mazzante con fines de robo, declaró luego Mario Ducca, quien aquel día estaba trabajando en la agencia ``Arenales''.

Ducca descartó de plano que se hubiera realizado un llamado en ese horario a la agencia a la cual pertenece, con lo que crecen las presunciones en contra de Falcon y el menor.

Luego se escuchó el testimonio de Filippetti, quien tuvo algunas contradicciones sobre códigos radiales empleados ante emergencias, aunque finalmente se aclaró la cuestión ante la insistencia de los jueces. Filippetti no salió de la sala tras prestar declaración, ya que ante una solicitud del defensor oficial del acusado, doctor Carlos Alberto Andía, se le pidió que escuchara la voz de la última testigo para tratar de determinar si fue la persona que pidió el remís aquella madrugada.

De esta forma, fue el turno de Sara Manrique, la madre del menor imputado junto a Falcon por el homicidio. La mujer dijo que aquella madrugada, alrededor de las cinco, su hijo y Falcon miraban televisión en una de las habitaciones de la casa de Arenales 1126. Después de ello no los volvió a ver hasta el día siguiente, a las dos o tres de la tarde.

Manrique explicó que su hijo se lavaba la ropa solo, por lo que pudo haberlo hecho en caso de que se le manchara con sangre, y dijo que no podía reconocer con exactitud ninguna de las prendas que le exhibieron, ni el cuchillo secuestrado por la Policía. Aunque sí el trozo de caño que fue secuestrado en su casa, aclarando que era la primera vez que lo veía.

Tras anunciarse el término de la jornada de ayer, el presidente del Tribunal señaló que se haría una prueba telefónica con Filippetti, Sara Manrique y otras mujeres cuya colaboración se pidió entre los asistentes, ya que el telefonista de la agencia ``Aladino'' no había podido reconocer la voz en la experiencia anterior.

 

Trabajadores en peligro

Los remiseros se han convertido en las presas preferidas de los asaltantes de poca monta, tanto en Olavarría como en el resto del país. El salvaje asesinato de Mario Alcides Mazzante en Azul causó un terrible impacto en toda la región, especialmente en los trabajadores del volante.

Más de un chofer pensó que le podría haber tocado a él, como admitieron muchos en Olavarría. En esta ciudad no son pocos los conductores de autos de alquiler que han sufrido asaltos.

Además, en más de un caso los delincuentes han utilizado la violencia en forma despiadada y sin ninguna razón aparente. A través de estas mismas páginas se han brindado múltiples testimonios de remiseros apaleados, amenazados de muerte y heridos de bala.

``No han matado a nadie de casualidad'', se alarmaron en muchas oportunidades ante el grabador de un periodista. El martirio de Mario Mazzante los golpeó con dureza y ahora todos están pendientes de la resolución del juicio contra su matador.

Por ahora, a las agencias les cuesta conseguir personas que acepten manejar un remís durante la madrugada, se inventan estrategias para evitar delitos, se desconfía visiblemente de ciertos barrios de la ciudad; cada joven desconocido es escrutado sin disimulo.

Cada viaje nocturno puede ser una aventura de dudoso destino y cada chofer lo sabe.

Ya hay varios asaltantes de remiseros detrás de las rejas. Pero son muchos más los que siguen libres e, incluso, algunos de ellos nunca han sido acusados.

Por eso, el juicio al asesino de Mazzante ha despertado tantas expectativas entre los empleados de las agencias de remís, trabajadores que se saben en permanente peligro.

 

Los comerciantes locales están entusiasmados, pero nadie sabe cómo sería la baja en tasas de tarjetas de créditos

Proyecto con muchos adeptos y pocas precisiones

Los diputados nacionales que proponen una rebaja en las tasas de interés y los aranceles que se les cobran a los usuarios de tarjetas de crédito no tuvieron más que abrir la boca para desatar una ola de adhesiones en todo el país -a la que no escapa Olavarría-, sobre todo de parte de pequeños comerciantes y consumidores. Sin embargo, ahora que el tema está instalado, restan precisiones para definir realmente cómo sería una eventual baja en los costos que pagan los usuarios y esa indefinición puede crear entusiasmos que luego se verán frustrados.

Por el momento, es muy difícil que las retenciones que se trasladan al usuario en los pequeños comercios bajen tanto como para equipararlos con los grandes hipermercados, porque esa negociación se hace entre empresas de tarjeta y grandes vendedores. Las expectativas, entonces, se trasladan a las tasas de financiamiento en cuotas, que los diputados consideran ``un robo''.

Comerciantes esperanzados

A poco de recabar opiniones entre los comerciantes locales sobre el proyecto surge un claro y definido apoyo a la iniciativa de los legisladores justicialistas encabezados por Mario Das Neves, uno de los autores del proyecto (ver recuadro).

Entre los vendedores minoristas del sector más chico del mercado, la modificación de las condiciones de venta es vista como un mecanismo que podría equipararlos en su lucha sin cuartel con los grandes hipermercados.

Olavarría ya cuenta con dos en su zona urbana y el arribo de Toledo -que hace unos meses reanudó sus planes de desembarco- había creado hasta la fecha una larga serie de reclamos, básicamente por regulaciones que permitan trabajar a los más chicos trabajar en igualdad de condiciones. La baja de tasas en la financiación de ventas viene a ocupar ese espacio.

La ciudad, además, está viviendo otro proceso que tiene que ver con el mismo fenómeno que hoy cuestionan los diputados.

En los últimos meses, la expansión del sistema financiero ha traído a las calles del centro comercial nuevos bancos, que llegan para competir con los ya instalados por una torta de recursos que no ha aumentado. Por ello, las casas crediticias procuran ampliar la bancarización y, como en todo el país, ofrecen tarjetas de crédito a usuarios que antes, por su bajo nivel de ingreso, no las tenían.

El riesgo para ellos es que ingresan en una cadena de consumo que antes les estaba vedada y para la que, muchas veces, no están preparados sus bolsillos. Como resultado, quedan con deudas que no pueden solventar y expuestos a las tasas más altas: las que corren para los morosos.

El proyecto de los diputados también contempla un freno para la cuestión, ya que ante la cesación de pagos al usuario se le impone una tasa que es equivalente a una vez y media la normal y puede trepar por encima del 50 por ciento anual y a veces llegar al 60 por ciento, lo cual equivale a una bola de nieve imparable.

Puntos en debate

El proyecto de los diputados tiene varios objetivos. Uno de ellos es el de reducir la alícuota de cada transacción. Hoy se paga entre el uno y el siete por ciento del valor de la compra sólo por éste concepto y algunos comercios deben pagar el diez, pero en la mayor parte de los negocios se traslada ese importe al consumidor, algo que no está estipulado en ninguna parte.

Si prospera la idea de reducir costos, esta retención podría bajar al 5 por ciento del monto operado.

El punto central que ataca el proyecto son los intereses. Hoy se instalan, con variaciones entre bancos alrededor del 30 por ciento anual en dólares y 35 por ciento en pesos, en una financiación a 12 meses. La variación de costos entre bancos les sirvió a los diputados para adelantar que ``esto no es sólo cuestión de las empresas de tarjetas''.

El otro punto es la tasa que se aplica a los morosos. Es equivalente a una vez y media la tasa anterior y se ubica en un 50 a un 60 por ciento anual, según el banco, algo que los legisladores consideran un robo.

En el proyecto, la tasa para morosos no superaría el 20 por ciento anual, con lo cual puede deducirse que la tasa anual para financiaciones normales debería caer a un 15 por ciento promedio, casi el uno por ciento mensual.

Los que dudan

Entre los testimonios recabados por este Diario se destacan los comerciantes, todos a favor de una baja en los costos de tarjeta. Pero al menos dos consultados tienen dudas. Uno es el encargado de ventas de la sucursal local de una cadena nacional y el otro es una calificada fuente bancaria.

Jorge, el vendedor, reconce que ``la tasa que se cobra a los morosos es muy alta, es cierto, porque se la infla por el alto riesgo de incobrabilidad. Pero la tasa de financiación no''.

La misma fuente, al comparar precios y condiciones de venta, asegura que ``los comerciantes nos acostumbramos mal y la gente también. Existe una modalidad de vender lo que vale 100 en 12 cuotas de 10. Eso está mal, porque así recupero el diez por ciento que me retiene el banco pero también hay 10 pesos que me quedan a mí''.

La fuente bancaria retoca varios aspectos de lo que los comerciantes exigen. En principio no cree que pueda haber modificaciones en las alícuotas que termina pagando el comprador con cada operación. ``Las establece la empresa de tarjetas, son diferenciadas por rubro y sólo obtienen rebajas los grandes hipermercados que se sientan con ellos en la mesa a negociar'', explica.

Sobre el plan de expansión que pone tarjetas al alcance de todo el mundo, agrega que ``hay algo que no se dice y es que esas tarjetas nuevas tienen un tope de gasto muy limitado y la persona que las usa no puede endeudarse demasiado. Además, está aumentando el control y en un futuro no muy lejano todas las compras, sin límite, deberán ser autorizadas''.

Aún así, los comerciantes no pierden la esperanza de que una nueva ley los ponga más cerca de financiaciones con facilidades para competir en mejores condiciones.

Rebajas en tarjetas para competir con los híper

"En buena hora se piensa en esto''

Aunque falten definiciones, sobra entusiasmo. En la ciudad no parece haber un solo comerciante que no brinde claro apoyo a la intención de regular las tasas y los costos que cobran las tarjetas de crédito y todos están a la espera de mayores definiciones.

Miguel Angel Schwab es vendedor de instrumentos musicales y uno de los viejos desencantados con el sistema. Lo primero que exclama al tomar noticia del proyecto es ``en buena hora que se piense en esto''. ``(El sistema) está pensado para los grandes hipermercados -asegura-, porque ellos son los que pueden acceder a recargos de un 1 por ciento, mientras a nosotros nos toca el 10 por ciento''.

Le reconoce a las tarjetas ``las posibilidades de vender a plazo y la seguridad que brindan'', pero cuestiona ``el diez por ciento de recargo y lo que cobran por la financiación. En algunos bancos puede llegar al 25 por ciento en sólo seis meses''.

Sergio Schamberger, propietario de una casa local de electrodomésticos local, es claro: ``sería beneficioso para todos'' y allí incluye a compradores y vendedores de productos.

Alberto Ferraiuelo, colega de Schamberger, también recibe la noticia con satisfacción. ``Ahora la gente se nos queja, porque nos pide los mismos precios de un hipermercado, pero nosotros no podemos vender en seis cuotas sin ningún interés, porque no podemos reponer'', explica.

``Siempre es lo mismo -agrega-. Nosotros tratamos de competir pero estamos en clara desventaja. Somos chicos y hay que pagar más. Uno puede conseguir un punto menos de recargo, en algún banco que en lugar del 10 por ciento por la operación retenga el 9 o quizás el 8, pero igual estamos muy lejos''.

También reconoce la seguridad y la posibilidad de ``vender a plazo'' que otorga la tarjeta pero ``si bajaran los costos ya no tendríamos discusiones con la gente, que nos exige precios más bajos o se queja por los recargos en la financiación''.

``Incluso -se anima- esto también sería mejor para las tarjetas de crédito, porque hay mucha gente que por estas cosas ha devuelto la suya, no la quiere''.

Marisa Vicente es empleada de una agencia de viajes. Explica que por su sistema de ventas, en su negocio no hay competencia entre grandes y chicos, tal como ocurre con los viajes. Las agencias se han enganchado en el tren de los mayoristas, cobran las tasas que éstos determinan y así obtienen una doble recompensa: no tienen intereses tan altos y se desligan de negociar con los bancos.

``Dejamos de trabajar con los bancos porque en un determinado momento nos pagaban por mes'', con lo cual estaban, en la práctica, financiando ellos y no las tarjetas.

Allí, la propietaria de la agencia, Gladys Citti, agrega su visión sobre los intereses y costos que cobran las empresas. ``Esto no es nada, porque son viajes, pero hay que ver que hay gente que necesita comprar comida'', toma como posición al coincidir con las rebajas que proponen los diputados.

Eduardo de Beláustegui y su hijo Ricardo trabajan en el rubro librería y hace rato que viene luchando por una baja en los costos. Mandaron cartas a una de las principales empresas de tarjetas del país y hablaron con los bancos. La respuesta fue la misma: ``nada, nos contestaron que no podían''.

Ahora dan pleno apoyo a la baja que estipula el proyecto. ``En cualquier lugar del mundo las tarjetas cobran un recargo del 1 o del 2 por ciento a lo sumo, salvo en América latina, donde llegan al 10 por ciento'', argumentan para explicar por qué son dos más que participan del empujón general que la gente le ha dado a la propuesta de rebajas en el dinero plástico.